Lo que me gustaba de Lucía es que tenía algo que me hacía recordar a Maite, y recordar a Maite siempre estaba bien.
Recordar a Maite era también recordar el viento tibio del verano y la lluvia debajo de la cual nos gustaba salir a andar en bicicleta para luego no enfermarnos.
Lucía era correr hasta que la transpiración se marcara en la ropa, pisar hojas secas, y saltar charcos pero sin miedo a mojarse.
Maite me hacía reír. Y Lucía me hacía reír hasta escupir lo que sea que estuviésemos tomando...
Lo que me gustaba de vos era que no me hacías acordar a nadie. No me hacías acordar a nadie y tampoco me hacías reír. No me hacías acordar a ninguno de los cinco novios que tuve en el jardín. Y no me hacías acordar a Tomas, el chico del que todas gustaban pero yo no.
Tampoco me hacías acordar al cantante de una banda que me empezó a gustar sólo porque era el cantante de una banda. No me hacías acordar al vecino que todos los miércoles me invitaba a dar una vuelta en auto. Ni a mis compañeros de trabajo. Ni a mi ex.
No me hacías acordar a nadie. Y por eso me gustabas.
Recordar a Maite era también recordar el viento tibio del verano y la lluvia debajo de la cual nos gustaba salir a andar en bicicleta para luego no enfermarnos.
Lucía era correr hasta que la transpiración se marcara en la ropa, pisar hojas secas, y saltar charcos pero sin miedo a mojarse.
Maite me hacía reír. Y Lucía me hacía reír hasta escupir lo que sea que estuviésemos tomando...
Lo que me gustaba de vos era que no me hacías acordar a nadie. No me hacías acordar a nadie y tampoco me hacías reír. No me hacías acordar a ninguno de los cinco novios que tuve en el jardín. Y no me hacías acordar a Tomas, el chico del que todas gustaban pero yo no.
Tampoco me hacías acordar al cantante de una banda que me empezó a gustar sólo porque era el cantante de una banda. No me hacías acordar al vecino que todos los miércoles me invitaba a dar una vuelta en auto. Ni a mis compañeros de trabajo. Ni a mi ex.
No me hacías acordar a nadie. Y por eso me gustabas.